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jueves, 1 de julio de 2010

chile: Las manzanas vuelven al sur



 
Chile:
Las manzanas vuelven al sur

En Angol, Renaico y alrededores ya se superan las 3 mil hectáreas plantadas y se podría llegar a ocho mil en siete años. En la última temporada, la IX Región exportó 16 millones de dólares en manzanas.  

Hace 32 años que los Parant se dedican a las manzanas en la zona de Angol y Renaico. Fue en los 80 cuando Roberto -ex gobernador de Malleco- y sus tres hijos Enrique, Jorge y Bernardo formaron la Sociedad Agrícola Parant y apostaron por expandir la frontera sur de este frutal. Lo hacen en una zona donde lo común son los cultivos cerealeros y las empastadas. Ya tienen 130 hectáreas plantadas y esperan seguir creciendo. De hecho, este año van a agregar 20 hectáreas hasta completar otras 150 más en cuatro años.

Los Parant hoy son testigos privilegiados de cómo una verdadera fiebre está impulsando las plantaciones en una zona, en apariencia para el lego, disparatada para los frutales. Situados a más de 300 kilómetros al sur del corazón manzanero nacional, sectores de las provincias de Angol y Renaico aparecen como los terruños más disputados para las manzanas de exportación, gracias a la presencia de un microclima generado por la protección que entrega la cordillera de Nahuelbuta, que permite buena acumulación de frío en invierno y casi nula presencia de heladas en primavera.

En la última década han llegado muchas empresas y siguen apareciendo otras que arriendan o compran terrenos para aprovechar el clima fresco y de gran diferencia en temperatura entre el día y la noche, que permite cosechar fruta de un color y firmeza, dicen, inigualables. Las plantaciones llegan hoy a aproximadamente 3.000 hectáreas -2.644 ha, según el Censo de 2007- en la zona de Angol, Renaico y Panguipulli. Y se anticipa que en siete años éstas podrían llegar a ocho mil. Ya se han plantado y construido plantas de embalaje y de frío.  Agrícola San
Clemente y Copefrut, más una serie de empresarios, ya están instalados en la zona. Son proyectos de altos costos, en los que plantaciones en alta densidad, según datos de Agrícola San Clemente, demandan una inversión cercana a los 25 mil dólares por hectárea para el primer año, y otros 8 mil mientras entra en producción al año tres. "No se ha alcanzado techo todavía... Esto está empezando en la zona y tiene un futuro promisorio", señala Bernardo Parant, claro que hace la salvedad de que, como en todo negocio, hay que estar muy encima de todo.

"Nos estamos encaminando a la fruticultura. La agricultura tradicional poco a poco se va a ir perdiendo, sobre todo en esta zona en que tenemos riego y buen clima. La agricultura tradicional, el trigo y los animales, cada día son un negocio más pequeño", añade Parant.

Efectivamente, el paisaje ya no es el mismo. Donde antes había vacas y cereales hoy se pueden apreciar plantaciones muy tecnificadas, con riego por goteo, alta densidad y formaciones modernas que buscan facilitar las labores y la cosecha, con uso de las últimas variedades en el mercado, especialmente las de clima fresco como las nuevas gala y fuji, crispin y pink lady.

René Araneda, seremi de Agricultura de La Araucanía, considera que el último empuje que tuvo el rubro manzanero fue la inversión en una planta de embalaje por parte de Frusan, que se estrenó esta temporada.

Y no todo es manzanas.

"Hay un boom frutícola muy fuerte en la zona de Angol-Renaico y ahora se han agregado Freire y Pitrufquén, con manzanos, pero también con avellano europeo, arándanos y frambuesas", dice Araneda.

La fruta cosechada tiene muy buena vida de poscosecha.

"Tiene una firmeza adecuada y muy buen color. Eso es muy positivo porque nos permite acceder a los mercados más lejanos como Europa, especialmente Inglaterra, y al Asia, China y Taiwán, a los que llegamos con muy buena calidad y condición", señala Felipe Venezian, gerente agrícola de Agrícola San Clemente.

Y lo están haciendo. Paso a paso, en la temporada 2009 la IX Región se aproximó a los 16 millones de dólares en exportaciones de manzanas.

La fruta está cambiando también otra cara -además del paisaje- en la zona.

"Estos polos frutícolas han significado más generación de empleo en una zona muy importante, porque con las labores de la manzana, los arándanos y las cerezas hay por lo menos seis meses en los que la gente tiene una ocupación permanente", señala René Araneda.

Todo un desarrollo sureño   que aporta a nivel nacional a que esta industria se haya convertido en número uno del Hemisferio Sur en exportaciones.

También en el siglo pasado

La manzana tiene una larga historia en la zona sur. Ya en 1920 se producía en gran cantidad e incluso se hacían exportaciones muy rudimentarias, por ejemplo, a Europa. Toda una proeza, considerando los medios con que se contaba en la época, con cajas que iban en tren a Valparaíso y sin una cadena de frío constante como la que se usa hoy.

Arturo Alemparte fue uno de los fruticultores pioneros en las primeras décadas del siglo pasado en Angol, donde tuvo su despertar la manzana como producción industrial, que incluyó también las zonas de Yumbel y Los Ángeles.
Junto con la familia Moller, Alemparte y otros productores dieron origen a Asproman, la renombrada Asociación de Productores de Manzanas que le dio un giro muy profesional al manzano, puesto que incluso desarrolló campañas publicitarias y construyó frigoríficos para desarrollar el mercado interno, lo que le dio un giro industrial y comercial a este rubro. Uno de los Moller fue Manuel, padre de Víctor Moller, el actual presidente de Hortifrut, la innovadora empresa dedicada a la exportación de berries.

Después vino la decadencia. Lo más probable debido a la llegada de pestes y hongos con los cuales fue imposible luchar porque no se contaba con productos para hacer un control eficiente. Así, años más tarde, la industria se desplazó más al norte y terminó localizándose en Curicó y alrededores donde tuvo un gran desarrollo.

Con alta tecnología

Otro que conoce bien este desarrollo frutero es el ex senador Francisco Prat. Los huertos los inició su abuelo, Arturo Alemparte, con un criterio muy empresarial. El mismo que continuó su papá Jorge Prat.

"Lo de las manzanas es una verdadera pasión, porque hay una permanente incorporación de tecnología; es un producto absolutamente global, que llega a todos los mercados, que a los que participamos de él nos tiene al día de las condiciones culturales y económicas de todas las zonas del mundo. Este es un negocio que siempre es complicado, pero que en la medida que los actores se mantengan actualizados, en términos de competitividad, puede ser bueno", señala Prat.

Está consciente de que esa actualización está ya instalada en la zona con variedades y clones más productivos y de mayor aceptación en el mercado; uso de tecnología y gestión para llegar a la etapa tardía del mercado, que es la de mejores precios, y trabajar con costos competitivos.

"Me tocó conocer huertos de cien plantas por hectárea que demoraban por lo menos ocho años en entrar en producción. Hoy en cambio se plantan con densidades de hasta 3 mil plantas por hectárea y se les exige que al segundo año ya tengan producción. La altura varió, lo mismo que la formación de los árboles. Esta etapa es con las variedades bicolores, que requieren clima fresco, en la que estamos viendo un rápido y vigoroso retorno de las inversiones manzaneras a la zona", señala Prat.

Destaca a la gala, fuji y crispin, las que tienen muy buena calidad y un espectro de sabores muy definido. Junto a ellas, se están sumando variedades de nicho, con producción controlada, que se están agregando a la oferta manzanera, aunque en volúmenes de menor significación, al menos en esta etapa.

Lo que sí tienen claro estos manzaneros es que Chile no puede quedarse sólo con lo que ya hay, sino que se requiere buscar nuevas variedades o mejorar las actuales con atributos que atenúen los defectos que hacen más cara su producción.

"Chile tiene que hacer una inversión en productos propios para tenerlos como moneda de cambio. Al final, la producción y venta de manzanas es interdependiente de los hemisferios Norte y Sur, puesto que la manzana tiene que tener presencia los doce meses del año. Pero para tener una silla en la mesa de los obtentores de variedades hay que tener variedades propias. Se está empezando a hacer, pero tenemos décadas de atraso", señala Francisco Prat, quien destaca que en la zona sur hay material vegetal muy amplio como base de trabajo.

Sin conflictos, aunque poca mano de obra

Una ventaja es que la zona está fuera de los conflictos, pero hay consenso en que una restricción puntual puede ser a futuro la disponibilidad de mano de obra para la cosecha, a pesar de que todo el mundo está haciendo esfuerzos para mecanizar y así reducir los requerimientos de mano de obra.

"Hay que ser eficiente en el manejo de la mano de obra, pero nuestro desafío será dotar de comodidades para que la gente se tiente y se venga a trabajar al campo", señala Felipe Venezian, de Agrícola San Clemente.

Otro desafío será contar con apropiada infraestructura en cuanto a plantas empacadoras y frigoríficos para procesar las crecientes producciones.

La productividad es otro tema sensible en la zona. "Es difícil compararse. Hay una gama muy amplia de productores que van desde 30 a 40 mil kilos por hectárea hasta otros de 80 mil kilos. Las plantaciones bien manejadas pueden tener más frutas por unidad de superficie", señala Venezian.

La diferencia de temperatura entre día y noche permite sacar fruta con color y firmeza muy apetecidos
 Quién es quién

Buenos Aires

La empresa familiar que dejó Arturo Alemparte hoy está en cuatro sociedades anónimas: Inversiones Agrícolas Buenos Aires, que hace de matriz y participa en la gestión de la Sociedad El Almendral, el fundo El Encanto y la Frutícola Angol, en las tres últimas con la participación también de Toronto Trust, en forma directa o a través de los fondos que maneja.

A Buenos Aires de Angol se le reconoce el haber innovado dejando atrás las plantaciones tradicionales por las de alta densidad. Cuenta con cerca de 560 ha, principalmente de gala, fuji y pink lady. Las inversiones bordean los 30.000 dólares por hectárea y continúan con 100 ha más este año en Malleco.

San Clemente

Agrícola San Clemente se instaló en la zona de Renaico en 2003 con el fundo Santa Olga, de 300 hectáreas.
Después compraron otras dos propiedades al lado que suman 150 ha que plantaron entre 2008 y 2009. Usan clones mejorados de gala, como brookfield y gala premium, también fuji racu racu y braeburn, enfocada al mercado europeo, principalmente al inglés. Además, tienen una variedad en exclusividad, jazz, y pink lady, que es de club. Son productores, empacadores y exportadores, a través de la central frutícola Santa Olga y la
Exportadora San Clemente. Actualmente construyen su propio packing en Renaico.

Son plantaciones distintas a las más antiguas de la zona central: se usan patrones o portainjertos enanizantes, que permiten entre 2.200 y 2.800 plantas/ha; tienen riego por goteo y estructura de soporte, una especie de espaldera.
La tendencia es ir mecanizando todo, con plataformas recogedoras de frutas, raleadoras de flores, maquinarias de doble propósito que cortan el pasto y fumigan.
 
Frusan

La Frutera San Fernando, Frusan posee en La Araucanía huertos propios, 90 hectáreas en la zona de Tijeral, además de la instalación y puesta en marcha de un packing en Freire. Como nuevo proyecto se menciona la plantación de 120 hectáreas de manzanos en Traiguén. Por su planta se exportan alrededor de un millón 300 mil cajas de fruta de la IX Región.

Parant

Agrícola Parant llegará a 280 hectáreas plantadas en cuatro años. Las variedades que usan son fuji racu racu, gala galaxy y pink lady, aunque mantienen algunas manzanas rojas tradicionales. Trabajan en familia; Roberto Parant, el padre, está al frente, y sus hijos Enrique, Jorge y Bernardo tienen a cargo un predio cada uno, pero lo administrativo lo llevan Bernardo y Enrique. La evolución es la constante en esta empresa, con asistencia a seminarios y participación en el GTT de Nahuelbuta, donde aprenden nuevas técnicas y ven las novedades que van surgiendo. Consideran que las variedades rojas antiguas tienen futuro aparte de lo comercial, porque permiten una continuidad en las labores y manejo de personal. En cosecha, por ejemplo, se parte con gala, después se sigue con las rojas y, posteriormente, con las fuji. A los que tienen gala y fuji les queda un intermedio de 20 días sin cosecha.

Por: Arnaldo Guerra Martínez.

Fuente: diario.elmercurio.com

FUENTE:
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